La mesa de negociación, como la mesa de operación del quirófano.

Las pasantías en mediación, no son el rolle playing. Las pasantías en mediación, deben ser como las residencias en medicina, el conflicto es el paciente, que requiere de la intervención del profesional, alrededor están los intereses, creencias, emociones en juego que pujan por tener razón sobre como el profesional colaborará con ellos en curar al enfermo.

Pero el paciente está ahí, y uno debe salvarlo, a veces con apuro se requiere nuestra presencia por que el paciente está para ir a terapia intensiva, si no intervenimos rápidamente, el paciente muere, pero si el cirujano tiene su instrumental y no lo sabe usar, el paciente puede también empeorar o morir. Enseñarle al futuro profesional, primero a hacer un buen diagnóstico del paciente, conflicto, luego, analizar las distintas herramientas o instrumental para su intervención, si el profesional no puede hacerlo, entonces no está todavía preparado para actuar, y es preferible que no lo haga, pues, los que presencian su intervención tendrán una opinión no muy buena del instituto o método empleado, ello por que el profesional no supo aplicar adecuadamente, y no querrán volver a pasar por esa mala experiencia.
Por eso hay que observar, que hacen los profesionales experimentados en cada caso, y aprender de ellos aunque el día de mañana, el alumno supere al profesor, nunca va a olvidar esa técnica, esa salida impensada que el experto le enseñó. Es así, como se aprende, partiendo de la base, que todos los días nos asombramos ante los distintos casos, porque todos los conflictos, organismos no son iguales, y algunos requieren pequeños retoques, y poco tiempo en el quirófano, pero otros requieren intervenciones en etapas, hasta en distintos días, mientras se van cicatrizando heridas.

Cuando estamos presenciando la intervención quirúrgica dentro del quirófano, o cerca de él, no es lo mismo que cuando nos cuentan como fue la operación, porque allí no hay libro que valga. La expertise del profesional va revisando al paciente (conflicto), le va llevando a a utilizar las herramientas incorporadas, hasta dar con la zona afectada, intereses y trabajar sobre ellos con cuidado, mucho cuidado de no dañar otros órganos. Se vive en ese momento el ir y venir, de los gestos, los movimientos del profesional, la angustia de las partes, las dudas, el olor a miedo, los temblores en las manos y piernas, hasta que el paciente sale de peligro, y hay un suspiro que dice “¡se pudo, lo logramos!”. Pero luego viene el post operatorio, y allí hay que tener mucho cuidado que las emociones que embargan al paciente, no lo hagan deprimirse, pensando que tal vez hubiera sido mejor otro resultado mas completo, y no dejando que desvalorice lo hecho, ni piense que pudo haber logrado más de lo obtenido.

Me preocupan aquellos alumnos futuros profesionales, que se lanzan al vacío con paracaídas que no saben usar, por ellos, por el mal momento que pasarán, y por los que los observan, pues pueden llegar a decir “viste yo te dije mejor no tirarse en paracaídas, para que hacerlo, si como veníamos haciendo funciona, lento pero funciona.” (juicio) y concluyan “éstas cosas novedosas duran poco”, cuando en otros países son moneda corriente, porque fueron despacio desaprendiendo, para aprender nuevos conocimientos.

Partiendo de la base, que una es la teoría, y otra la práctica, y la experiencia no es algo que se incorpora de la noche a la mañana, es cuestión de prueba y error, pero con mucho cuidado porque el paciente puede empeorarse o morirse, es un trabajo artesanal, donde el profesional debe estar concentrado en cada movimiento, en cada gesto, en cada reacción, en cada mirada, en los silencios, y a veces monitorear una y otra vez si lo que él percibe es esa realidad que está en el aire, porque corre el riesgo de equivocarse y perder de vista el objetivo, que es el paciente (conflicto) de allí no salir, cerrando el caso, sin solucionar el mismo.

Autoria: DRA. ALICIA A. MORO
Fecha: 11/03/2019